lunes, 15 de junio de 2009

DE MI DÍA QUE PODRÍA HABER SIDO EL ÚLTIMO.

Había hablado con mis cercanos. Me había despedido de todos y había hecho una entrada en este, mi blog, para el momento. Respecto a mis asuntos pendientes de venganza, decidí que, por si me pasaba algo, debería dejarlo en manos de un buen amigo. Pensé en mi querido Sefo, pero decidí que no era asunto mío truncar y mutilar su bondad sin límites. Me pregunté quién sería el ideal, la persona idónea para elaborar los planes y llevarlos a cabo… Todos mis pensamientos me llevaron a mi adorado y querido Señor R que, con todo su buen corazón, me confirmó que lo haría. Él sería mi vengador y, mis hermanas, serían como Charlie, le darían las instrucciones y le seguirían muy de cerca.

Pude irme con la conciencia y el ánimo tranquilo dirección Toledo. Los nervios se apoderaron de mi amado acompañante de salto y de mí minutos antes de que conociéramos a nuestros monitores. Mi monitor se llamaba Di, un extranjero moreno de ojos azules que me abrazada y me comprobaba más de lo necesario el arnés del pecho. Después de unas muy brevísimas instrucciones, Di me avisó de que nuestra avioneta había llegado.

- ¿Estar tú neriuosa?
- Pues ahora en el avión estoy más tranquila.
- Sonríe siemprre, Sol, ya tú veirás qui es imosionante. Sonría, cariño.


Una breve y tranquilizadora conversación que se desarrollaba mientras él, de nuevo, comprobaba que todo el equipo de pecho y entrepierna estuviera debidamente abrochado. Mejor prevenir y si, para ello, tiene que tocarme, que me toque. La seguridad es lo primero.

Ya a 4000 metros del suelo se abrió la puerta de la avioneta y Di me avisaba de que éramos los primeros en saltar. Me pareció maravilloso, porque yo quería ser la primera y se lo hice saber minutos antes de entrar, aunque pensé que me había ignorado soezmente.

Posición acordada: piernas juntas, dobladas bajo la avioneta, manos en el arnés y cabeza atrás. Caída libre, vueltas y de cabeza. Adrenalina. Golpes en el hombro y suelto las manos. Una emoción indescriptible que tan solo se puede experimentar, no redactar.

Tirón de apertura del paracaídas. ¿Quierues tú coger mandos?, me dijo. Seguramente si Di me hubiera conocido un poco más no se le habría ocurrido preguntarme eso. Cogí los mandos y, al principio, estupendamente. Me dijo que tirase un poco del izquierdo para girar pero, como sabe mucha gente, a veces no controlo mi fuerza, ergo los pequeños giros de noventa grados se convirtieron en varias vueltas. Ok, caruiño, déhamelos ya, volvió a decirme mientras se reía.

Cariuño, ¿recuerdas tú la posisión para caer?, me preguntaba. La posición para aterrizar era de culo, tenía que estirar las piernas y sujetármelas por abajo, ya que si caíamos mal había riesgo de rotura. Coño, Di, no sabía que yo tuviera tanta flexibilidad, todo es muy nuevo para mí, le dije mientras gritaba y me carcajeaba. Él comenzó a reírse también.

El aterrizaje fue estupendo, mi culo no llegó a rozar el suelo, al contrario que mi acompañante Paul, que cayó directamente en un barrizal que, por otra parte, resultaba algo complicado ya que tan sólo había uno de unos treinta centímetros en todo el campo de aterrizaje. Me levanté, grité y abracé a mi querido Di, que tanta paciencia había demostrado tener. Me quitó el arnés y me dijo que estaba encantado de haberme conocido, nos abrazamos y me fui con mis acompañantes de viaje.








Para aquellos que esperaban que la fatalidad natural que me persigue desde que soy niña saliera a relucir debo decirles que no han tenido demasiada suerte, ya que no tengo ningún rasguño. Quizás para la próxima.

18 gargajos:

  1. Siempre que quieras poner tu vida en riesgo puedes avisarme y cumpliré gustoso tus planes de venganza, baby.

    You make me feel so young... (8)

    ResponderSuprimir
  2. Quise hacerlo un día y me negaron la posibilidad. En Discovery Chanel empieza ahora un programa en el que se realizarán actividades semejantes, pero ya no estoy para esos trotes aéreos. Que me den un martini blanco con ginebra.

    ResponderSuprimir
  3. Cielo santo, darling, eres una "ángela" de Charlie! Yo no me tiro en paracaídas ni de a siete metros de altura.

    ResponderSuprimir
  4. Mira, me ha encantado tu puta entrada, no? Está mi hermana aquí también leyendo y nos hemos descojonado xD. Cariño... xDDD

    Algún día, tal vez, me tire de una avioneta a 4000 metros del suelo.


    Lo prometo xD

    ResponderSuprimir
  5. Saltar en paracaídas siempre ha sido uno de mis aficiones y veras como disfrutas cuando dejes de saltar en tandem


    Un saludo, PAZ

    ResponderSuprimir
  6. eeeeeeeh!!
    bien festejo el éxito de tu misión!


    saludos

    ResponderSuprimir
  7. y llegaste al suelo con los pelos perfectos.....eso sí que es profesionalidad!

    ResponderSuprimir
  8. :Dq gusto leerte tras tanto tiempo...
    os echo de menos, snif snif!

    ResponderSuprimir
  9. Mataste dos pájaros de un tiro.
    Y encima llegaste a tierra con el maquillaje impecable.

    ResponderSuprimir
  10. me alegro que tu pechambrera siga intacta :)

    ResponderSuprimir
  11. Seguro que es una experiencia de la leche y lo habrás gozado cosa bárbara, pero yo no me tiro de un avión ni loco, ni borracho ni drogado casi hasta perder el conocimiento.

    ResponderSuprimir
  12. me entusiasma tu continuidad en el complicado mundo de los vivos. ahora deberías disfrutar de la vida mucho más que antes del salto, no?

    ResponderSuprimir
  13. ahhhh!!! que envidia, que bueno...tengo que hacerlo, me voy ahora mismo!!
    voy a matar al que te hizo la foto desenfocada recién caida. Qué bicha eres!

    ResponderSuprimir
  14. Vaya experiencia...
    En verdad que admiro tu valor para esto.

    Saluditos...

    ResponderSuprimir
  15. Enhorabuena, la adrenalina que no viene de las drogas merece ser reconocida. Como actividad aérea, la próxima vez contrataré el avión presidencial americano para darnos una vuelta y comprobar que el jacuzzi está en buenas condiciones.

    Un beso

    ResponderSuprimir