- Tráigame otra copa, sea usted tan amable…- demandó la joven entrada en carnes. El camarero asintió abandonando torpemente el balcón.
El Sol era tan ardiente que ni las cuatro capas de crema solar factor 50 conseguían que pudiera estar expuesta a él más de diez minutos seguidos. La joven entrada en carnes cogió las gafas de sol y se asomó por el balcón. Allí abajo, en la orilla del mar, podía ver grupos de amigos, típicas familias con la tortilla de patatas y el acento característico de Andalucía, parejas con perros e hijos, jóvenes mozos jugando a fútbol y luciendo sus abdominales…
Se dio la vuelta y se dio cuenta de que su copa estaba encima de la mesa de modo que, rápida aunque elegantemente, se dirigió hacia ella para dar a continuación un gran sorbo de la bebida. Con un gesto de cabeza agradeció la copa al camarero, que estaba parado en la puerta.
Desde que se había ido de su casa y de su ciudad, muchas veces había pensado en sus amigos y en lo que ellos estarían sintiendo. Todo ha de ser muy confuso en sus cabecitas…, pensaba con asiduidad mientras esbozaba una amplia sonrisa. Aunque la jovencita entrada en carnes sabía que de momento no podía ponerse en contacto con nadie, en varias ocasiones, teléfono en mano, había estado tentada de llamar a su mejor amigo que, sin dudarlo, pensaría que por fin había triunfado y que no estaría mal compartir un poco del botín.
Imaginándose las caras de sus amigos íntimos al enterarse de la noticia, la jovencita comenzó a carcajearse. Maldita sea, cómo les extraño.
Terminó su copa y se puso a pensar en todo lo que su vida había cambiado.
Definitivamente, los que dicen que el dinero no da la felicidad no están en lo cierto. Se acordó de que hubo un día en que escribía en un blog, se acordó de que un día abrió el correo de un desconocido, se acordó de que un día, un maravilloso día, tuvo el plan de asalto a un banco perfectamente planeado y controlado.
- Tráigame otra copa, sea usted tan amable- sonrió. A la jovencita entrada en carnes le hubiera gustado guiñar el ojo al atractivo camarero, pero nunca había conseguido guiñar el maldito ojo.
* Os agradezco profundamente a aquellos que, con motivo de mi anterior entrada, os tomasteis la molestia de escribir párrafos y párrafos. Gracias por los numerosos emails (algunos muy bien planificados) me han resultado tremendamente inseresantes además de haberme ayudado a ver las mentes criminales que se esconden bajo algunos de mis lectores.
Gracias por las molestias.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Aún continuo pensando en el relato leido con anterioridad, se sigue con interes y el final está muy logrado, me ha gustado muchisimo.
ResponderSuprimirUn saludo.
esas cosas hay q practicarlas, para q en un momento dado... salgan!
ResponderSuprimirincluso a esta supuesta triunfadora de sus planes, a veces se le tuercen las cosas por alto tan simple... ayyyy
Por favor, no abandones tu demencia.
ResponderSuprimirY claro, no dejes de compartirla.
:)
besos y gracias por visitarme
¡¡¡como!!! ¿al final lo hiciste sin mi?
ResponderSuprimirpero si yo no queria el dinero, solo buscaba tu guiño.
bueno, y algo del botin para vivir como el botin.
pero entiendo que una vez hecho no te pongas en contacto (a) podrian encontrarte y (b) ya no sabes si te quieren por ti o por tu dinero.
Seguro que la joven entrada en carnes es que retenía líquidos. Si no, no lo entiendo.
ResponderSuprimirla chica entrada en carnes podria haberle tirado un beso al camarero, o pasarse el dedo por la boca en plan chico martini jajajaja que horror!
ResponderSuprimirsi por casualidad la chica entrada en carnes eres tu, sabes mi direccion, mandame dinerito, guapa,que se ve que te sobra!
mua!
wueykkwyeiuwyeiuwyieuyw
ResponderSuprimirYo también te extraño tanto....
Cada vez me doy más cuenta de que somos especies en peligro de extinción...
Te quiero
Casi puedo sentir la tranquila soledad (suena poético) de ese lapso entre copas. Casi puedo ponerme en tu lugar. Supongo que para que pasen estas dos cosas el texto tiene que ser creíble. La empatía tiene que ser posible.
ResponderSuprimirJoder, ahora quiero tomarme una copa contigo en este Madrid otoñal que es pura ruina.
Buah, leído tu relato, paso de ser el camarero, paso de ser un amigo de esos que mencionas, peeeero, hay un personaje súmamente interesante. La copa, me quedo con la copa. Tiene que ser una bomba sentirse todo alcohol, todo fuerza, y notar como de repente alguien te acaricia hasta hacerte suyo.
ResponderSuprimirJoder, se me ha ido la pinza.
Ja.
jajaja...pues vaya una forrada sin saber guiñar un ojo. Yo te enseño por unos miles reina mia!! shisss...pero bueno! el guiño es parte de la clase, no lo olvides!
ResponderSuprimirHe pasado a echar un ratito de lectura, y como siempre me voy encantado. Un placer pasarme por aquí. Pasa buen fin de semana.
ResponderSuprimirSaludos y un besazo!
¡Hola!
ResponderSuprimirDudo si ya había pasado por tu blog hace tiempo o no, pero de cualquier modo, esta vez he decidido quedarme.
Me gusta cómo escribes.
Míriam