Cuando terminé mi soliloquio de controvertido contenido, algunos de los brahmaníacos (como yo les llamaría a partir de ese momento) sonreían, mientras que otros intentaban volver a encajarse sus sorprendidas mandíbulas.
- Las penas e injusticias sufridas nada tienen que ver con Dios…- replicó uno de los brahmaníacos, sentado a la derecha de Hermano Mayor.- Es debido al pecado del hombre, que vive de espaldas al mismo.
Continuó soltando paparruchadas cristianas durante un tiempo indefinido (y digo indefinido porque yo estaba mentalmente adormecida y no tengo una idea de los segundos, minutos u horas que estuvo hablando este ser). Los Hermanos Mayores asentían con orgullo lo que su pupilo estaba diciendo y yo, que estaba empezando a sentir en carne propia el sopor de la cristiandad, tuve que hablar:
- Tu discurso no hace más que recordarnos lo defectuosos que el supuesto Señor nos ha hecho (a su imagen y semejanza, por otra parte). Independientemente de que el ser humano sea gilipollas y retardado, y de sea él mismo sea que esté guiando al mundo a su destrucción, vuestro (que no mío) Dios debería alejarse de la prepotencia y del orgullo y echar una manita al planeta Tierra. No sé, algunos bosques más, algunas muertes políticas, supresión de ciertas instituciones...
Alguien se disponía a contestarme pero entonces una alarma, similar a la del 112 cuando hay una emergencia (o no), comenzó a retumbar en todo el salón. Todos, alegremente, se levantaron y se fueron a la sala contigua invitándome a pasar.
Al parecer, todos los días a las 12 de la mañana sonaba dicha alarma (que sonaría cada tres horas). Era la señal de rezo y llamada de la felicidad; señal que obligaba a los sectarios a sentarse mirando a una pared blanca mientras entonaban extraños cánticos. Yo, que no era conocedora de tal salmo, me decantaba por el opening de Pokémon.
Intenté adaptarme a estos horarios y a estas raras costumbres, pero comencé a aborrecer la canción de la gran serie mencionada por tener que repetirla miles de veces. Puedo tolerar que intenten cambiar mis ideas políticas, puedo tolerar que me intenten involucrar en el cristianismo, puedo tolerar que me separen de familia y amigos… Pero no puedo tolerar que me lleven al aborrecimiento de esa obra maestra.
Por otra parte, la comida solía basarse en alubias. Judías para desayunar; judías para comer; judías para merendar... Y para cenar… ¡Habichuelas!
El mes se me hizo insoportable. Estaba débil y estaba realmente agotada de escuchar a Hermano Mayor y Hermana Mayor realizar actos incestuosos en las noches. Estaba cansada de los intentos en vano de lavado de cerebro y todo esto me alejaba del positivismo por el que me adentré en un principio en el grupo.
Hice la maleta con la intención de escaparme. Había escuchado que los líderes sectarios son realmente tiránicos, que persiguen a los ex-adeptos hasta volver a engancharlos, de modo que tenía en mente que la escapada sería un trabajo aventurero realmente arduo.
No obstante, hace unos días Hermano y Hermana Mayor se acercaron a mí mientras estaba en el jardín tomando mi merienda y me dijeron:
- Hemos contemplado la posibilidad de que te alejes de nuestro grupo. No te adaptas, no te integras, y eso entorpece nuestra labor de búsqueda de la felicidad. No lo hacemos por causarte mal alguno, sino por el bien del grupo. Brahma Kumaris no puede tener a una persona como tú entre sus afiliados.
Se fueron y me dejaron con la boca abierta. Pasaron minutos hasta que por fin pude entonar un ofuscado: Hijos de puta.
Salí por la puerta de la casa. Yo había sido expulsada. Yo. Me han culpado de falta de adaptación. Yo. Escupí varias veces en el estúpido felpudo y también en el pomo de la puerta y me fui, sabiendo que no había hecho lo correcto. Así, la vida de hermandad en la secta terminó para mí.
Después de un tiempo sin contacto cibernético debido a la ardua tarea de adaptacion sectaria, me alegra haber vuelto con las ideas incluso más claras que antes. Es verdad que no he encontrado la felicidad y que no he logrado desechar todo el negativismo de mi vida. No obstante, para mí la felicidad se encuentra en los pequeños momentos en los que canto la canción de Pokémon.
sábado, 5 de junio de 2010
HAZTE CON TODOS.
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si ya lo decía yo:
ResponderSuprimirla ausencia de Sol es causa divina...
Joder, si es que es buenísimo.
ResponderSuprimirLa felicidad es inalcanzable en cuanto a que es incolora e inolora/inodora y por lo tanto dificil de percibir y/o ubicar, que le vamos a hacer.
Dios, cómo he disfrutado leyéndolo.
ResponderSuprimirBravo, señora.
Bra-vo.
Pero...¿va en serio?
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