lunes 21 de junio de 2010

HE OÍDO HABLAR TAN BIEN DE TI QUE PENSÉ QUE ESTABAS MUERTO.

Estamos a 21 de junio. Es, oficialmente, verano. Época de escotes, shorts y sandalias.

Tras dar un paseo por el concurrido centro de mi ciudad (no natal), me dispuse a volver a casa. Anduve bajo el sol durante unos minutos y, la verdad, hacía unos días que no comía de manera decente. Estos días, para mí, se resumen en comidas rápidas por el medio día, y tres tazas de café, aproximadamente.

Debido a mi estado físico, algo decaído y débil, la vista comenzó a nublárseme y, por ello, me vi en la obligación de sentarme en una plaza, la típica en la que la tercera edad hace su reconocimiento social de manera, muchas veces, incoherente.

Dicen que escuchar las conversaciones ajenas es un error, que es una falta de respeto y de educación; pero muchas veces los gritos o la elevada voz de los que te rodean no te permiten concentrarte en tus asuntos propios y te obligan a escucharles, te guste o no, quedándose para ellos toda la ausencia de educación de la que, muchas veces sin razón, se nos culpa a los jóvenes.

La primera pareja estaba compuesta por un hombre y una mujer, unos 63 años, estimé. Mientras él se dedicaba a mirar, ella se dedicaba a criticar a todas las chicas jóvenes escotadas. Indecentes, llamativas, sinvergüenzas…

La segunda pareja, dos mujeres, hablaban sobre vecinas y vecinos. Sus casas, sus ventanas, el tipo de ropa que tenían en el tendedor, tangas y bragas, qué harán, el otro día se escuchaban muchas risas, creo que su hijo es de la generación ni-ni…

El tercer grupo era un cuarteto de mujeres y hombres (y viceversa) y, por fin, no criticaban, sino que competían. Cada uno ofrecía una descripción detallada de su nieto o nieta preferido (estudios, trabajo, pareja, ciudad y, por supuesto, sueldo). Cada una ofrecía más de lo anterior y llegó un momento en el que deseé casarme con el último nieto descrito.

Compré una Coca-Cola Light (sí, sé que si me mareo necesito algo con azúcar, no sin azúcar) y me fui de la plaza algo irritada, no sin antes escuchar que la mujer de la primera pareja opinaba sobre mis largas y estilizadas piernas, y decía que mi casa debía ser un antro de pecado y perdición.


¿En qué nos hemos convertido? Nunca pensé realmente que la frase “he oído hablar tan bien de ti que pensé que estabas muerto” fuera tan cierta, tan verídica. Ciertamente la sociedad ha llegado a un punto en el que sólo abre la boca para dar por supuesta su prepotencia, su superioridad respecto a los demás. La vida comienza (¿o continúa?) a ser una carrera, pura competencia, una lucha para ser el mejor. Y no sólo lo vemos en la calle; lo vemos en nuestras clases, la lucha por la nota más alta aunque para ello tengas que ir a un despacho y ponerte rodilleras; lo vemos en la familia, cuando un primo se quiere casar antes que otro (¿pero de verdad alguien quiere casarse todavía?)… El hombre es un lobo para el hombre, dicen. Y con el tiempo se sabe, se aprende, que no debes fiarte ni de tu sombra, porque existe pura maldad, pura hipocresía. Es un hecho.

En fin. Yo no sé vosotros, pero yo voy a vigilar que mis vecinos no me quiten la ropa del tendedero y la huelan para saber si he tenido sexo o no, que seguro que más de uno lo hace. Y yo no digo nada, pero deberíais hacer lo mismo.

11 gargajos:

  1. El punto es que apuntamos a lo más fácil que es mirar a otros en vez de mirarnos a nosotros mismos, si así lo hiciéramos quizás la manera de opinar sobre mi prójimo cambiaría.

    Saluditos...

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  2. Creo que la pregunta ¿En que nos hemos convertido? no es acertada, no nos hemos convertido en nada, somos así desde el comienzo de los tiempos, aunque vivamos vestidos con el falso traje del respeto a los demás, a la intimidad, a la libertad de las personas, que nos inculcaron para tratar de corregir ese defecto de fábrica.
    Creo.

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  3. Es verdad que en los tiempos que corren no es normal, escuchar hablar bien de alguien...


    Saludos y un abrazo.

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  4. Estas en lo cierto, competimos en todo y con todo, algo que me parece absurdo.
    Envidiamos lo que no tenemos y prejuzgamos a la gente por que es la manera mas rápida de etiquetarlas en una escala horriblemente definida en esta sociedad.
    Ya nadie se para a conocer realmente a nadie, ya no hay ganas de enriquecerse de las vivencias de los demás, sencillamente nos miramos el ombligo y todo lo que salga de nuestros valores pre establecidos y aprendidos es malo, indecente, incorrecto...
    Nos hemos aficionado a no preguntar, simplemente afirmar creyendo tener la verdad absoluta con respecto a los desconocidos.

    PD: un abrazo

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  5. Si es que los viejunos no tienen nada que hacer así que se dedican a critiar a todo el mundo, así salen de su inopia. Si a eso le añadimos que son un poco conservadores y más viejunos de mente que de cuerpo no dejarán a títere con cabeza.

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  6. Oye, y el pensar que tú no piensas así no te debería hacer pensar que hay más personas que piensan como tú? lo mismo el hombre es el lobro para el hombre...para algunos como un salvaje para otros un grupo de ayuda comunitaria...qué bueno volver a leerte. Saludos veraniegos!

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  7. ahora es cuando me entran ganas de poner una peli porno, abrir la ventana y poner muy alta la voz xDDD

    y yo k tú, simulaba un condón utilizado y lo metía en uno de mis tangas tendidos con un cartel k diga: soorpresaaa!! xDDD

    me ha gustado tu blog :)
    un beso!

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  8. Así son ellos, víctimas de su tiempo. A mi no me da rabia, no me tiro de los pelos, simplemente me dan pena, pero porque el tiempo corre y ellos permanecen, siempre con miedo, miedo a lo desconocido, miedo al avance. En fin, me ha hecho por cierto mucha gracia las etiquetas de esta entrada. Sobretodo la de "puta", jaja. Genial.

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  9. where is Solindonga??? mmmmm show your eyes for the blogworld! xD
    q salgas coño

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  10. Un descubrimiento tu blog

    Volveré

    Besitos

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