Estaba yo esperando la llegada del cercanías en uno de los barrios más caros de la capital; barrio en el que mi hombre tenía uno de sus múltiples apartamentos. Hay quien dice que en las estaciones sólo suelen vagar los locos y la tercera edad; aunque también he pensado siempre que eso es pura locuacidad, palabrería, de aquellas personas que, por suerte (o por desgracia), tienen tanto carnet como vehículo (me da igual si estamos hablando de coche, moto, avión o mula).
El señor, de unos 40 años, elegantemente trajeado, pelo canoso, ojos verdes (con sus respectivas bolsas) y un llamativo maletín se me acercó para hablar del tiempo. Conversaciones sobre el estado meteorológico; la última opción a la que mentalmente el galán o cortejador pretende recurrir y, sin embargo, la primera elección real por el mismo para iniciar conversación.
- El tiempo está loco, ya no sé ni qué ropa ponerme.
- Es cierto. Tan pronto hace sol, como lluvia.
La conversación cesó por unos instantes y, cuando pensé que no tenía nada de qué preocuparme, se acercó un poco más y pronunció alegremente las siguientes palabras:
- Estoy embarazado, chica.
Mis ojos se abrieron tanto de la sorpresa que cualquiera que de frente me hubiera visto pensaría que se me saldrían de las órbitas. En fin, no sé si el señor estaba realmente perturbado, si estaba ebrio o si, por el contrario, decía la verdad. Existe más de un caso documentado de un varón que se ha quedado embarazado. La ciencia avanza mucho. Ya en la mitología griega se habló de dioses que parieron a sus propios hijos: Zeus es un ejemplo, su hija le salió por la cabeza y su segundo crío le nació del muslo, un ejemplo a seguir sin duda.
- ¿Su mujer? – pregunté, obviamente, intentando aportar un poco de coherencia a la conversación y a la situación. Parece mentira que ahora, a estas alturas, sea yo la que tenga que aportar cordura a algo.
- ¿Por qué habría de ser mi mujer? Estoy embarazado yo.
Sonreí aún sorprendida y le dí la enhorabuena. Cortesía ante todo, queridos lectores. Pronto llegó el tren y, por supuesto, él terminó sentado frente a mí, rozándome la pierna con el periódico para llamar mi atención y continuar la conversación que, tan tristemente para él, había cesado con la llegada del cercanías. Me pidió disculpas por molestarme nuevamente y entusiasmado dijo:
- ¿Quieres ver las fotos de mis otros hijos? Las llevo en la cartera.
- ¿Por qué no?
Abrió la cartera de piel y allí estaban las fotos de sus hijos, sus supuestos hijos. No pude evitar que un tímido y casi insonoro “¡Oh Dios mío!” saliera de mis carnosos labios. Aquellas fotos, señores, correspondían a caras de niños modelos de revistas.
Me dijo los nombres de cada uno de ellos (había cinco, quizás) y yo le dije que el chico rubio de las gafas de Afflelou me parecía una monada. Él llegó a su parada y, sujetándose la barriga cual mujer preñada, se levantó despidiéndose de mí y dejándome allí así, patidifusa.
Cuando el señor abandonó su asiento, entró una mujer con sus dos hijos a los que había llevado al médico. Estaba hablando por teléfono móvil con su marido (supuse yo) al que le decía que ahora les iba a llevar al colegio y que intentaría que la comida estuviera a la hora. Supongo que es el prototipo femenino que, por suerte, se ha ido desgastando con el tiempo: la mujer deprimida por ese “malestar que no tiene nombre”, ama de casa, con aspiraciones pero sin valor para llevarlas a cabo. Ese prototipo de mujer que podemos ver en “Revolutionary Road” y a la que intenta orientar Kate Miller en su libro “La mística de la feminidad”. Parecía decaída y soberanamente cansada. Más que cansada aburrida y, personalmente, considero que es necesario advertir que el aburrimiento es el primer paso hacia la desesperación. Un ser humano puede recurrir a cualquier cosa si el aburrimiento se apodera de él.
Es posible que, con el paso de los años, la ciencia nos ayude a que ambos sexos tengamos la posibilidad de parir y de adentrarnos en el mundo de la maternidad. Puesto que teólogos, científicos, filósofos y la biblia en pasta (nunca mejor dicho) han considerado a la mujer naturalmente inferior por el hecho de tener el don de la maternidad (todos sabemos que nuestro piadoso y todopoderoso Señor castigó al género femenino a sufrir ciertos males como parir, estar supeditada al hombre, llevar tacones, sujetador y todo eso) quizás la mentalidad de los machistas y misóginos del siglo XXI cambie si los hombres empiezan a dar a luz.
Poco a poco se irá viendo, pensé. Llegué a casa y escribí todo esto en parte también para mandárselo a mi querido psiquiatra. Recordé la última llamada telefónica de él:
- Si tienes dudas sobre él tienes que investigar. Pero algo legal, no me gustaría que me culpasen a mí también…
Sonriendo puse la llave del apartamento de Carlos sobre la mesa. Creo que entrar en una casa ajena sin permiso no es muy legal…
viernes, 15 de octubre de 2010
BASADO EN HECHOS REALES.
Etiquetas:
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Que historias se nos pasan por la mente demente...quizá en su desdoblamiento de personalidad era mujer en aquel instante, eso solo su mente lo sabe...
ResponderSuprimirEntrar en casa ajena cuando se tiene llave no es ilegal, si acaso sería desverguenza ;)
Buen fin de semana.
Saludos
Yo espero no quedarme embarazado jamás
ResponderSuprimirMe he quedado enamorado de esta frase en concreto: "No pude evitar que un tímido y casi insonoro “¡Oh Dios mío!” saliera de mis carnosos labios."
ResponderSuprimirEl adjetivo "carnosos" da una dimensión maravillosa a ese momento.
es tan incoherente como tristemente cierto, tener el don de la maternidad ha provocado (gracias sobretodo a las religiones y a todo tipo de creencias místicas en entes superiores...) q sea considerada la mujer un ser inferior.
ResponderSuprimirY por cierto, tu psiquiatra merece unas vacaciones
;)
Si los hombres diésemos a luz se saturarian las listas de espera hospitalaria para los partos con cesarea, carecemos del diseño apropiado para concebir por vias naturales. Además somos excesivamente débiles, llorones y quejicas como para soportar nueve meses de gestación. Que le vamos a hacer...
ResponderSuprimirEl todopoderoso castigo a la mujer a muchas cosas cierto es pero..."a llevar tacones" no creo, eso es pecado.
Con lo poco que me gustan... esas películas de basados en hechos reales... jajaja
ResponderSuprimirPasa un estupendo fin semana.
Saludos y un abrazo.
Maldita sea, ahora sólo puedo ver madrazos y padrazas por doquier.
ResponderSuprimirTodo el mundo sabe que no podemos tener niños. Yo estoy embarazado de una preciosa iguana verde.
ResponderSuprimirZeus tenía embarazos ectópicos.
ResponderSuprimirPor lo demás, creí que me había llegado la menopausia, porque tengo el aire encendido y estoy transpirando. Al final eran anginas, y una fiebre para quince.
También creí estar embarazado, pero nomás era una hernia. Tengo diecinueve años. Si. La vejes es una cuestión mental, que le dicen.
Salut
Ooooooooh, hombres embarazados. Ojalá.
ResponderSuprimirEspero que las visitas al psiquiatra sean fructíferas!:)
Y lo de legal/ilegal... depende el abogado que te defienda, créeme xD
Absolutamente genial.
ResponderSuprimirNo tiene desperdicio,... es la era del psiconálisis.
Me quedo leyendo por aquí...