Por fin, los cientos de confesionarios que han sido colocados en el parque Retiro de la capital se retirarán del lugar dando paso, de nuevo, a ciclistas y a patinadores, imagen sin duda mucho menos perturbadora que la de cientos de curas sentados esperando con los brazos abiertos (y quien sabe si con la bragueta bajada) a cientos de jóvenes que no harán más que pedir perdón por su sexualidad y por sus impulsos e instintos más bajos.
Sentado alegremente en su Papamóvil y rodeado de cientos de policías, el Papa se ha convertido en estos días en la persona más protegida del mundo y, todo ello, mientras los medios de comunicación nos informan de que un joven católico seguidor de este movimiento Papista (me da igual lo que muchos digan, no deja de ser un movimiento más) amenaza atentar contra la manifestación laica. ¿Y quién protege a los laicos de ciertos perturbados sectarios?
Jóvenes de todo el mundo pertenecientes, seguramente, a las clases más favorecidas, se amontonan en las calles de Madrid formando tapones y, desprendiéndose de todos ellos, una oleada de calor y vapor que ya quisieran muchas saunas. Vienen con carteles de la virgen y con pancartas de metro y medio profesando así su profunda fe cristiana, amor al señor y, lo que es más importante aún, incondicional confianza en Benedicto XVI.
Da igual el escalafón social al que se pertenezca, la sociedad airea sus normas y sus prejuicios morales; murmuran de los demás y se atreven a calificar el bien y el mal, y todo para intentar convencer a la gente (y también a sí mismos) de que ellos están en relación con las supremas reglas; en palabras más técnicas, demostrar que son lícitos y que sobre ellos no se cubre ningún manto de pecado.
¿Qué clase de vida lleva esa gente que hace ostentación a su moralidad? Estamos en un mundo hipócrita que se erige sobre una mentira, de modo que no es de extrañar que estos jóvenes de los que hablo en el párrafo anterior, hayan provocado casi la extinción de los preservativos en las asociaciones LGTB. No es broma, sé de buena tinta esto, he sido partícipe de ello y me he visto en la obligación de darles a aquellos que me lo han pedido (yo soy como Dios, doy sin pedir nada a cambio) pero, claro está, no sin antes advertirles de su condena eterna en el infierno por sodomitas.
Pero por fin se ha acabado la semana. Una semana en la que Benedicto XVI, recibido por el presidente y por los reyes, rodeado de seguridad, gastando un dinero público que no sobra, ha hecho hincapié en intentar convencer a los jovencitos de que no dejen la fe en detrimento del conocimiento; ha hablado de economía y nos ha vuelto a recordar que el cuerno de África necesita ayuda. Nos intenta inculcar unos hábitos de confesión para limpiar nuestras conciencias de todo mal, pero lo cierto es que la conciencia más oscura y sucia no es otra diferente de la suya que, en el poco humilde Vaticano, debería pensar en los pecados que ellos mismos cometen, pecados no poco importantes como son la contribución al impedimento de evolución de la mujer, la invisibilización de los casos de pedofilia del clero o la condena eterna a todo tipo de sexualidad.
No creo ser la única que esté cansada de todas estas paparruchas religiosas. No creo en los curas; no creo en la religión; he escupido sobre el pomo de la puerta de una iglesia; follo todos los días (dos o tres veces); pronuncio el nombre de Dios en vano, digo palabrotas constantemente y ninguna de estas cosas hace sentirme mala persona.
Lo cierto es que estoy más cerca de creer en superhéroes de la talla de Batman o Superman que en todas estas historias contadas por la Santa Iglesia y a las que estamos expuestos, tristemente, desde que nacemos.
Porque yo soy Supersun.

Es muy indignante todo lo que ha sucedido esta semana en Madrid.
ResponderSuprimirY yo, que un día me atreví a ir a Madrid a visitar a una amiga que vive por el centro, pagué una de sus consecuencias más superficiales, pero no por ello me hizo sentir menos impotente. Para poder llegar a 100 metros de donde me encontraba (de Jacinto Benavente a Pontejos), tuve que dar una vuelta de casi 20 minutos, porque los simpáticos antidisturbios no dejaban pasar más que a quien acreditase pertenecer a las JMJ. Es un pequeño y nimio ejemplo de la vergüenza por la que hemos tenido que pasar los humildes ciudadanos ajenos al Movimiento de Liberación Moral que nos ha invadido esta semana...
Por no hablar de que se le recibe como a un Jefe de Estado cuando lo que realmente es, es un líder religioso, que se abren los colegios públicos a sus fieles, se les reduce el precio del transporte y se les dan bonos para comida...
Beneficios y más beneficios, dinero y más dinero... Y tú dándoles condones...
¡Ya te vale!
!!Chaaaaapo!!.
ResponderSuprimirEs usted mi heroína...
ResponderSuprimirTristisimo lo del papa, y esos hijos de p del vaticano... deberian repartir su oro y volverse humildes. Hacen todo y mucho mas de lo que predican que no se debe hacer.
Comparto este video que se que te va a hacer reir mucho acerca de la iglesia ;)
http://www.youtube.com/watch?v=HAuuDbPpEu8
Te voto...creo que eres Superman..desde luego vaya locura..un saludo desde Murcia...seguimos...
ResponderSuprimirAmén!!
ResponderSuprimirmua!
Hecho! Porque yo también soy fan de tu blog :)
ResponderSuprimirBueno, pero pero tendría que ser para más adelante, porque ahora estoy a tiempo completo con las oposiciones :P
ResponderSuprimirEstupendos los posts que nos dejas, siempre un placer volver por tu casa.
ResponderSuprimirSaludos y a pasar un buen sábado.
¡Bien dicho!
ResponderSuprimirHola, preciosas letras van desnudando la integral belleza de este blog, si te va la palabra elegida, la poesía, te invito al mio,será un placer,e,s
ResponderSuprimirhttp://ligerodeequipaje1875.blogspot.com/
gracias, buen día, besos numantinos..
no lei, solo vine a ver si estabas viva. y al parecer si.
ResponderSuprimiruna pregunta: por qué todo el mundo dejo de escribir en sus blogs? se los comio el puto facebook?
saludos