lunes, 5 de diciembre de 2011

AHORA NOS CONFORMAMOS CON CUALQUIERA.

Decido escribir después de la recepción de algún que otro email que me informa (como si yo no fuera consciente de tal hecho) de que este espacio lleva inactivo bastante tiempo, temiendo ciertos lectores por mi seguridad. Me siento halagada por la preocupación, aunque lo cierto es que esta ausencia no es más que una consecuencia de la salida relativa de la crisis tras el encuentro de un trabajo satisfactorio (y temporal, por qué no decirlo). Ya no es necesario demandaros a vosotros, amables y generosos lectores, ingreso alguno en mi cuenta Paypal (muchas gracias para quienes lo hicieron, no lo esperaba en absoluto).

Además de la falta de tiempo y la abundancia de tareas, una de las cosas que me llevan a esta triste ausencia, es que mi cabeza está exenta por completo de ideas que puedan volcarse en el papel artificial de la pantalla del portátil. Como ya sabréis, soy de aquellas que siempre han pensado que es más digno callar, mantener la boca cerrada (en este caso, las manos quietas) conservando la dignidad y el respeto que hemos ido consiguiendo a nuestra vera, que deslizar los dedos sobre el teclado y escribir paparruchas sin sentido que sólo podrían afectar al, hasta ahora, nivel medio-alto del blog, convirtiéndolo en uno más del montón, de los que no suscitan absolutamente ninguna sensación.

No obstante, he visto, he oído muchas cosas en estos últimos días y, sin duda, la que me lleva a escribir es el odio inmenso que ha nacido y que evoluciona a un ritmo desmesurado en mis entrañas con respecto a un ser. Mayoritariamente es un ser desconocido; las personas razonables, interesadas por el día a día y por los acontecimientos relevantes del mundo, no solemos prestar atención ni captar a este tipo de entes. Y es que este, al parecer, famoso (en los círculos más banales de la sociedad, seguramente) escritor, no deja de ser uno más de los innumerables varones que atentan contra la integridad, la moral y el todo de la mujer, además de tratar a los hombres como auténticos gilipollas.

Déjenme ser polémica por una vez. Mario Luna ha ido escalando peldaños sociales y millonarios con las escrituras que han llegado a convertirse, no me pregunten cómo ni por qué, en best sellers. Ahora no tenemos un García Lorca ni un Calderón de la Barca. Ahora nos conformamos con un Mario Luna y con algo llamado “Sexcode” y “Apocalipsex”.

A pesar de que parece que se están burlando de nuestra cordura con dichos títulos, lo cierto es que han llegado a ser dos de los libros más vendidos de este asqueroso país, lo cual no hace más que afirmar el rígido pensamiento que muchos tenemos de que vivimos en una nación predominantemente tosca y vulgar (esto supongo que no sorprende a nadie). Que esta persona tenga seguidores y que escriba sobre lo que él llama la Seducción Científica… Que se esté impartiendo a los varones una instrucción sobre cómo seducir y conseguir a una mujer (todo dedicado exclusivamente hacia varones heterosexuales)… Que este señor esté enriqueciéndose a costa de algunos pobres fracasados que creen que de verdad todas las mujeres tenemos las mismas etiquetas y los mismos pensamientos, que estamos mecanizadas y que nos dejamos guiar sólo por las apariencias, el poder y las acciones políticamente correctas… ¿No os dais cuenta, pobres ilusos, que atenta contra vuestra dignidad y os vende un prototipo femenino que sí, existe, pero que no gobierna?

Si a toda esta parafernalia le sumamos la frase: “Si la mujer aborta, el varón puede abusar de ella” (el arzobispo de Granada, un gran pensador) podemos crear un cúmulo de odio e ira homicida que, guste o no, por algún lado deberá de explotar.

La iglesia, al igual que el ser relativamente famoso que antes os he presentado, ofrecen una visión esperanzadora en la crisis actual. Y es que da igual lo imbécil que seas, lo poco informado que estés, la poca cultura que tengas y el ínfimo número de neuronas que poseas, ya que en el mundo eclesiástico (y ahora también en el mundo de la… ¿Seducción? ¿Qué mundo es ese?) siempre hay un hueco para cualquier inepto.

La poca fe que podía tener en la Humanidad y en la correcta evolución del ser humano, sin duda queda extinguida por estas personas, por estas acciones y por muchísimas otras.

Prometo escribir pronto, de manera más relajada, si es que no termino en la Plaza de España quemando sujetadores junto a un grupo de mujeres radicales.

Espero vuestros gargajos, positivos y negativos.

domingo, 21 de agosto de 2011

SI ESTO ESTÁ BIEN , QUE BAJE DIOS Y LO VEA.

Está acabando una semana un tanto ajetreada para los católicos-apostólicos-romanos y también para los ateos. Y es que las Jornadas Mundiales de la Juventud llegan a su fin rodeadas de aplausos y lágrimas entre los más fieles, y arcadas y suspiros de impaciencia entre los más incrédulos.

Por fin, los cientos de confesionarios que han sido colocados en el parque Retiro de la capital se retirarán del lugar dando paso, de nuevo, a ciclistas y a patinadores, imagen sin duda mucho menos perturbadora que la de cientos de curas sentados esperando con los brazos abiertos (y quien sabe si con la bragueta bajada) a cientos de jóvenes que no harán más que pedir perdón por su sexualidad y por sus impulsos e instintos más bajos.

Sentado alegremente en su Papamóvil y rodeado de cientos de policías, el Papa se ha convertido en estos días en la persona más protegida del mundo y, todo ello, mientras los medios de comunicación nos informan de que un joven católico seguidor de este movimiento Papista (me da igual lo que muchos digan, no deja de ser un movimiento más) amenaza atentar contra la manifestación laica. ¿Y quién protege a los laicos de ciertos perturbados sectarios?

Jóvenes de todo el mundo pertenecientes, seguramente, a las clases más favorecidas, se amontonan en las calles de Madrid formando tapones y, desprendiéndose de todos ellos, una oleada de calor y vapor que ya quisieran muchas saunas. Vienen con carteles de la virgen y con pancartas de metro y medio profesando así su profunda fe cristiana, amor al señor y, lo que es más importante aún, incondicional confianza en Benedicto XVI.

Da igual el escalafón social al que se pertenezca, la sociedad airea sus normas y sus prejuicios morales; murmuran de los demás y se atreven a calificar el bien y el mal, y todo para intentar convencer a la gente (y también a sí mismos) de que ellos están en relación con las supremas reglas; en palabras más técnicas, demostrar que son lícitos y que sobre ellos no se cubre ningún manto de pecado.
¿Qué clase de vida lleva esa gente que hace ostentación a su moralidad? Estamos en un mundo hipócrita que se erige sobre una mentira, de modo que no es de extrañar que estos jóvenes de los que hablo en el párrafo anterior, hayan provocado casi la extinción de los preservativos en las asociaciones LGTB. No es broma, sé de buena tinta esto, he sido partícipe de ello y me he visto en la obligación de darles a aquellos que me lo han pedido (yo soy como Dios, doy sin pedir nada a cambio) pero, claro está, no sin antes advertirles de su condena eterna en el infierno por sodomitas.

Pero por fin se ha acabado la semana. Una semana en la que Benedicto XVI, recibido por el presidente y por los reyes, rodeado de seguridad, gastando un dinero público que no sobra, ha hecho hincapié en intentar convencer a los jovencitos de que no dejen la fe en detrimento del conocimiento; ha hablado de economía y nos ha vuelto a recordar que el cuerno de África necesita ayuda. Nos intenta inculcar unos hábitos de confesión para limpiar nuestras conciencias de todo mal, pero lo cierto es que la conciencia más oscura y sucia no es otra diferente de la suya que, en el poco humilde Vaticano, debería pensar en los pecados que ellos mismos cometen, pecados no poco importantes como son la contribución al impedimento de evolución de la mujer, la invisibilización de los casos de pedofilia del clero o la condena eterna a todo tipo de sexualidad.

No creo ser la única que esté cansada de todas estas paparruchas religiosas. No creo en los curas; no creo en la religión; he escupido sobre el pomo de la puerta de una iglesia; follo todos los días (dos o tres veces); pronuncio el nombre de Dios en vano, digo palabrotas constantemente y ninguna de estas cosas hace sentirme mala persona.

Lo cierto es que estoy más cerca de creer en superhéroes de la talla de Batman o Superman que en todas estas historias contadas por la Santa Iglesia y a las que estamos expuestos, tristemente, desde que nacemos.

Porque yo soy Supersun.




martes, 21 de junio de 2011

DESDE LA MISERIA.

Perdóname, seguidor, porque he pecado.
Sé que llevo un tiempo sin escribir en este, mi blog. Varios de vosotros, queridos lectores, os habéis puesto en contacto conmigo a través de e-mails, maldiciéndome y enviándome más esputos virtuales de los que realmente me hubiera gustado. No obstante, eso sólo me hace pensar que estáis sedientos de sabiduría (o lo que sea) ebriayperturbada.

En este tiempo, me he encontrado en la miseria más absoluta, buscando basura como una Whitney Houston; más decadente que un David Hasselhoff y casi cayendo en la tentación más vil como es la de presentarse a Mujeres y Hombres y Viceversa tan sólo por unos miserables euros.

- ¡¡Qué derrota!! Ahora tenemos un país mayoritariamente de color azul. ¿Tú has votao?- me preguntó un sexagenario señor.

- ¿Acaso eso importa? – dije de manera algo aprensiva mientras, con mi blanca cuchara de plástico, me disponía a terminar el pequeño bote de potito sabor “ternera a la jardinera”.

- Niña, no digas eso, queres mú joven pa’ desconfiá del sistema – gritaba desde la otra punta del callejón la señora del gorro de lana.

- Señora, azul, rojo o violeta. Es el mismo perro; son las mismas pulgas. Sólo ha cambiado el collar – respondí a la señora, que se había acercado al contenedor en llamas para coger calor. No estaba muy segura de si habrían entendido la metáfora.

- Yo no creo en nada hasta que no me meta en Infojobs y vea ofertas de verdad, con contratos de verdad y con empresas de verdad – dijo el licenciado trilingüe que acababa de unirse al grupo de discusión.

- A mí me llamaron pa’ ser presidenta en la mesa electoral esa. Cada sobre que abríamos, era una loncha de fiambre nueva. En total 125 bocadillos de chorizo y chopped nos salieron… - dijo la mujer rubia de pelo enmarañado apoyada en la pared.

Estos y otros eran los componentes de un grupo de discusión, que se había alojado en un callejón cercano a mi cajero de banco habitual. Tras ver el pobre extracto de mi cuenta y después un ataque ansiedad con la hiperventilación consecuente, estos señores y señoras, amablemente, me atendieron y me cubrieron con una de sus mejores mantas.


Aunque la universidad es dura, dejarla es aún peor. La crisis, que antes no me afectaba tanto, ahora me inunda. Ningún español queda indiferente ante estas dificultades y eso ha provocado la ocupación de plazas y los movimientos (llámalos antisistemas, llámalos realistas) que han tenido lugar en España y en numerosos países.

La población, cansada de los discursos insustanciales y de ver en las listas electorales a medio centenar de imputados por corrupción, se han alzado a una lucha que algunos consideran incorrecta y tardía pero que, en caso de que esto fuera cierto, no deja de dar una lección a estos líderes (por llamarlos de alguna manera) que aún hoy no se han molestado ni en explicar el supuesto proyecto que va a dar una vuelta a la economía y nos va a poner a todos de patitas en el empleo.

En el grupo hablábamos de política, de empleo y de qué haríamos nosotros si tuviéramos la suerte (o la desgracia) de ser presidentes o, al menos, alguien relativamente importante como Carmen de Mairena. Sin duda alguna, tras exponer mis ideas de EYP, quedaron perplejos nombrándome líder del grupo de discusión.

- Sabéis que yo no creo en los líderes, queridos- dije sin creérmelo y engrosándome de satisfacción insana por el título obtenido.
Uno a uno, iban tumbándose en el frío suelo en busca del sueño. Y yo pensaba en que realmente todo podía ir a peor.
No es por ser pesimista pero… Seamos como la orquesta del Titanic: toquemos sin parar hasta que el barco se hunda porque, aunque nos hastíe, es algo inminente.

* ¿Queréis ayudar económicamente a ebriayperturbada? Su e-mail está con vosotros (y con vuestro espíritu) para que tengáis acceso a ingresar el capital que deseéis en su cuenta Paypal. Por todos los bloggers pobres del planeta, mil gracias.

sábado, 12 de marzo de 2011

HIJOS DE SATÁN Y OTRAS BARBARIES.

- ¿Corremos como en las películas?- me preguntó. Y yo, no sé por qué, creí que era una maravillosa idea. Corríamos felices en la oscuridad, esquivando gente y esquivando árboles, ajenos a la tragedia que se avecinaba a mí cuando, la mala suerte que no suelo tener, me guiñó el ojo desde la esquina de enfrente y provocó que me resbalase cayendo al suelo con toda la parte izquierda de mi bello cuerpo de mujer.

Ahí, tirada en el suelo de una de las calles más concurridas del centro de la capital, como si fuera cualquier cosa y con el cabello tapándome (por suerte) el rostro, medité la situación, la reviví. Me había comido el suelo por hacer el gilipollas, como una campeona. Allí sentada miré alrededor: decenas de personas paradas, mirándome. ¿Cuántos de acercaron a ayudarme o a, sencillamente, preguntar por mi estado? Cero. Lo único que recibí de toda esa gente deshumanizada fue un “qué hostia se ha dado” segundos después de comerme el suelo.

Semanas después, habiéndome olvidado de todo lo anterior y habiendo recuperado un poco la fe en la bondad humana, me metí en el claustrofóbico metro camino a casa después de una mañana agotadora. El metro iba asquerosamente despacio, lo cuál aumentó la sensación de encierro. De pie, noté cómo se me nublaba la vista y cómo me ponía cada vez más pálida. La gente del vagón, además de apartarse de mí, no fuera que me cayera (otra vez) y les golpease algún miembro de sus sudorosos cuerpos, me preguntaban sentados en los asientos si me encontraba bien. No, gilipollas, estoy blanca como la nieve, quítate de ahí y déjame sentarme o espera el peor vómito del mundo sobre tus pantalones de pana, eso me hubiera encantado decir pero mi educación me lo prohibió. Entonces la puerta se abrió y salí rápido a tomar el aire y a calmar la ira que se empezaba a encender en mí.

No sé cuánto tiempo ha pasado desde que escribí cierta entrada hablando sobre la falsedad de la existencia del karma. Dejé clara mi postura: el karma no existe, nunca ha existido y nunca existirá. Y mi pensamiento se basaba en la simple observación del mundo: los ricos y malvados cada vez son más ricos (y más malvados, por otra parte) y los pobres bondadosos (más que nada porque no tienen ni medios ni ocasión de hacer el mal) son cada vez más pobres.

No obstante, tras una serie de sucesos acontecidos en los últimos meses, esta idea ha ido girando en mi mente hasta convertirse en algo que no tiene forma alguna, ni base, ni cúspide… Son tan solo un montón de letras, imágenes y acontecimientos que no me ofrecen ninguna idea concluyente y, mucho menos, ninguna teoría.

La maldad que según decía alguna gente emanaba de mi persona hace ya varios años y que nunca ha provocado un efecto adverso del mundo hacia mí, ha terminado provocando un abanico de catástrofes personales de las que se ha ido saliendo con eróticos resultados, pero que, al fin y al cabo, no dejan de ser una putada de las que te hacen reflexionar. Entonces te pones a pensar… Coño, ni que fuera la hija bastarda de Satanás. Joder, habiendo religiosos y políticos a tutiplén en el puto mundo, está claro que si alguien fuera hija/o de Satán no sería yo.

Con el paso de los días fui cavilando, llegando a la conclusión de que los acontecimientos y la llamada buena o mala suerte no son más que bromas del maldito destino; no son cosas que pasen porque seas malvada, sino porque a alguien deben de pasarle.

Entonces piensas en cuando en el instituto te enseñaban (o al menos lo intentaban) valores y la buena ética, y la moral, y bla bla bla, y el famoso “el hombre (y la mujer, supongo) es bueno por naturaleza” de Rousseau. ¡Ay, amigo! Si Rousseau levantase la cabeza y viera la decadencia y la podredumbre en la que se ha sumido la sociedad… Y no es que peque de exagerada, sino que los hechos contados corroboran lo dicho y asienten frente a mi afirmación de que gran parte de los seres humanos carecen totalmente de humanidad.

¿De verdad es tan complicado ayudar a alguien que está a escasos metros de ti? ¿Tanto cuesta ceder un asiento, dar un poco de agua, tender una mano o prestar un kleenex, aunque sea usado?

Si no ayudamos lo más mínimo, ni en lo más sencillo, ¿cómo podemos sentirnos con los derechos suficientes para juzgar el estado de África, o para culpar al gobierno de que hay paro, o para atribuir faltas a la iglesia sobre la desigualdad palpable entre, por ejemplo, hombres y mujeres? Si tampoco hacemos nada para que desaparezca, si no levantamos ni un solo dedo por nadie si, al fin y al cabo, somos como todos estos políticos, religiosos, capitalistas de los que nos quejamos. En otras palabras, somos cómplices de estas desigualdades y de estas injusticias

Siento ponerme en plan reivindicativa asquerosa. No es que me sienta enormemente bondadosa, ni mucho menos. Sencillamente creo que es para mirarnos en el espejo y quemarnos con cigarros la puta cara hasta destrozárnosla, ya que no se nos cae de vergüenza.

Y una cosa más voy a decir: Si vosotros sois uno de los que me visteis caer o de los que me esquivasteis en el metro, mandadme un email con vuestros datos porque juro que me vengaré y os deseo que os pase lo mismo y que, además, tengáis gastroenteritis, que eso jode mucho.

Y sin más dilación (que no dilatación), os deseo unos hermosos días venideros.

viernes, 31 de diciembre de 2010

DETRÁS DE LAS CÁMARAS.

Y entonces se casaron, tuvieron muchos hijos, fueron felices y comieron perdices. Lo primero pasó, lo segundo también, seguramente lo tercero a ratos y lo de las perdices es cuestionable ya que no sé qué valor tienen en el mercado en estos momentos y tampoco sé cómo les ha afectado a ellas y ellos la crisis económica actual.

Blancanieves, Bella, la Cenicienta o Ariel (la Sirenita, que no el detergente) eligieron a sus príncipes; eso nos cuenta la historia. El qué pasó después es más difuso (a pesar de la existencia de segundas partes que, obviamente, eran un bulo, un fake para niños, para hacernos creer que todo continuaba bien).

A nosotras no nos contaron que todas ellas lucharon día tras día por conservar una bonita figura, aunque el parto las deformase. Al ser princesas, eran mujeres pudientes, y gran parte de ellas pudieron operarse para continuar manteniendo su estilizada cintura de avispa. Sin embargo, Jazmín, debido al egoísmo y a las malas inversiones del expobre Aladdín, tuvo que ahorrarse ciertas operaciones y algún que otro michelín sí que tenía, al igual que los senos caídos, como manda la ley de la gravedad.

El detrás de las cámaras es más duro de lo que pensamos. La Bestia (que después de años de dudas descubrimos que se llamaba Manolo), antes de ser considerado socialmente un Adonis, ya iba diciendo a sus amigotes de castillo que él tan sólo se liaría con bellezas, con buenorras, como se llaman actualmente. Pero, ¿tú quién te has creído que eres, mestizo de jabalí-hiena-hombre peludo? Entonces pasó lo que pasó, se volvió guapo, se casó con Bella y esta, llena de celos por su recientísima belleza, no paraba de atosigarle (supuestamente).

- Te soy fiel, Bella. Eres la única persona a la que tengo ganas de engañar- decía Manolo dándose media vuelta. Entonces Bella, cargada de resentimiento (y de arrugas, ya de paso), seguía hablando con la que antes era una tetera.

Blancanieves, por otra parte, cansada de los engaños de su marido homosexual (todos nos imaginábamos esta verdad) empezó a tener un affaire con Gruñón, cuyo carácter de tipo duro sexagenario cumplía con sus expectativas. Aunque más tarde, se fugaría con Mudito el cuál, privado de la facultad de hablar, molestaba menos a la ya no tan joven primera princesa Disney.

De Ariel no se sabe mucho. Ella volvió al mar, a casa de su padre, porque no encontró trabajo tras sus estudios de adaptación a la vida terrestre. Y como la contaminación de los mares es una realidad, lo más seguro es que su cola esté llena de mercurio o que se haya ahogado con algún anillo de plástico de lata gigante.

Ser feliz nunca fue fácil. La vida gira y puede que algo no termine de la misma hermosa manera en la que empezó. La RAE decide suprimir cosas y cambiar nombres de letras. Poco a poco hemos descubierto que la vida está llena de árboles, maníaco-depresivos y ardillas. Piensas en lo que has sido y vivido y te das cuenta de que ha habito muy pocas personas cuerdas a tu lado. Las personas tendemos a ser egoístas. Nestlé compra la palabra FELICIDAD y en su campaña de publicidad para distribuir leche en polvo al Tercer Mundo provoca la muerte de miles de personas porque no ha tenido en cuenta el factor agua-no-potable. Pero da igual, porque siempre nos han dicho que la intención es la que cuenta.


Llegados a este punto, sólo (con tilde o sin ella) me queda desearos que no tengáis incidentes con las uvas y que tengáis una preciosa entrada de año, al igual que un 2011 repleto de Nestlé. Yo, por mi parte, continuaré consumiendo esta maravillosa palabra e intentaré, por todos los medios, que el año que llega se mantenga porque, realmente, no podría estar mejor.

martes, 14 de diciembre de 2010

¿DÓNDE ESTÁ ROBIN HOOD?

Soy una puta. Lo sé. Lo admito. Un centenar de personas me siguen (cada una a su manera) y yo cada vez escribo menos y menos. Para todos aquellos que me escribís al email: no he sido detenida (aún); no me ha pasado nada malo (según se mire); no tengo ninguna enfermedad terminal (que yo sepa); no me he muerto y no he tenido que huir del país (por el momento). Tan sólo me he tomado un respiro, una pequeña pausa que espero que ustedes, queridos lectores, comprendan y no lo tomen mal.

Día 15 de diciembre. Las fechas navideñas se vislumbran ya desde hace unos días (por no decir semanas). Parece que cada año comienzan antes. Las grandes empresas y compañías nos dejan entrever que es época de consumismo intensivo y, poco a poco, los más rápidos (por no decir los más millonarios) se van haciendo de los mejores productos, los más interesantes y los de mejor calidad, dejándonos a los pobres plebeyos del pueblo llano con la única posibilidad de comprar zapatillas “Naik” o alguna “Poly Station” en cualquier tienda oriental que encontremos por el barrio.


En la capital la navidad se vive de manera muy especial. El Corte Inglés decide desplegar y utilizar todas las armas disponibles y, precisamente de ahí, nace Cortylandia. Muñecos articulados gigantes de todas las partes del mundo (creo recordar que no hay ningún africano) acompañados de monumentos importantes, cantan y bailan al son de una musiquilla que nunca consigo escuchar debido al berrido incesante de innumerables niños entusiasmados y de padres cargados de bolsas enormes con miles de juguetes dentro.

Evidentemente los niños, careciendo de cualquier seña de inocencia, conocen el secreto de los reyes magos, del gordo de la chimenea que aún no ha sido encerrado por la policía por allanamiento de morada y de la rata enfermiza que te roba los dientes por la noche. Aunque queramos pensar que no, que en verdad son muy críos para saber la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, tenemos que desengañarnos.

Yo descubrí que los reyes no existían cuando mis padres, el día 5 en la noche, abrieron el armario de la habitación donde YO dormía para empezar a sacar los regalos. Podía tener cinco años, pero no era tonta. Por otra parte, mi madre decidió que era mucho más didáctico y pedagógico que yo pensase que el Ratoncito Pérez (que tenía nombre y todo) era un vil ratero que se llevaba mis dientes, esos que con tanto ahínco cepillaba y cuidaba, sin darme nada a cambio. La infancia ha sido dura para algunos de nosotros, aunque no me quejo, al menos siempre tuve pan encima de la mesa (sí, ese pan que no soltaba por si la Rata Pérez venía a quitármelo también).

Todo esto me lleva a pensar en la cantidad de pasta que se embolsarán las grades compañías y empresas a costa de estas fiestas que, por otra parte, no dejan de ser festividades paganas y religiosas. Realmente nos hace ver esa necesidad existente de enriquecimiento salvaje y sin cuidado y, por otra parte, eso me hace pensar en mi situación. Yo soy pobre. Más pobre que las ratas. Y siempre hemos dicho que la pobreza es una cuestión de distribución, no de producción. ¿Dónde está Robin Hood cuando se le necesita?


-¿Por qué estás empeñada en vivir en esa situación de miseria?- me preguntó el doctor tras contarle lo anterior.

-¡Porque soy una miserable!-dije llevándome las manos a la cabeza.

-En la primera sesión me dijiste que eras muy, muy rica. ¿Dónde has metido ese dinero?

-No me presione. Ese dinero está lejos y guardado. Nada puede levantar sospecha de mi condición. Además, sé lo que usted pretende y olvídese… Nunca le contaré de dónde proviene todo el dinero… Podría usted quemarme por bruja, como hacía la Inquisición antaño…- y miré hacia otro lado, sentida, indignada.

-No me desespere. ¿Por qué te empeñas en refugiarte tras ese victimismo? Eres tú la millonaria, a la que todo le sonríe en este momento. ¿Y te permites quejarte?

-Pero usted está sano. Sano mentalmente. Y eso es muy bello.- dije sin creérmelo. Esto ya lo había vivido con mi anterior psiquiatra, con esa zorra embustera de María Luisa.

-¿Y Carlos?- preguntó, dándose por vencido.

-Nos vemos asiduamente. No pude encontrar nada en su casa el otro día. Se lo huele; se huele que algo me huelo. Esconde las cosas. En fin… Él se empeña en decirme que es un gran empresario. Yo me empeño en darle la razón aún sabiendo que es mentira y que quiere mi encierro…

-Quizás no lo quiera…

-Él quiere quererlo. Pero, ciertamente, cada vez lo quiere menos.

-Si estás tan segura de que no lo quiere, ¿por qué, a la vez, estás tan insegura?

Me levanté del diván, las dos horas habían terminado hacía quince minutos.

- Porque no me fío ni de él, ni de usted, ni de mi sombra, ni de mí misma. Hay que tener cuidado con todo. Hay que ir con pies de plomo. Supervivencia, es la palabra.

Y me fui a mi hogar, dulce hogar, para quitarme las Naik y beber Gold Cola.

viernes, 15 de octubre de 2010

BASADO EN HECHOS REALES.

Estaba yo esperando la llegada del cercanías en uno de los barrios más caros de la capital; barrio en el que mi hombre tenía uno de sus múltiples apartamentos. Hay quien dice que en las estaciones sólo suelen vagar los locos y la tercera edad; aunque también he pensado siempre que eso es pura locuacidad, palabrería, de aquellas personas que, por suerte (o por desgracia), tienen tanto carnet como vehículo (me da igual si estamos hablando de coche, moto, avión o mula).

El señor, de unos 40 años, elegantemente trajeado, pelo canoso, ojos verdes (con sus respectivas bolsas) y un llamativo maletín se me acercó para hablar del tiempo. Conversaciones sobre el estado meteorológico; la última opción a la que mentalmente el galán o cortejador pretende recurrir y, sin embargo, la primera elección real por el mismo para iniciar conversación.

- El tiempo está loco, ya no sé ni qué ropa ponerme.
- Es cierto. Tan pronto hace sol, como lluvia.

La conversación cesó por unos instantes y, cuando pensé que no tenía nada de qué preocuparme, se acercó un poco más y pronunció alegremente las siguientes palabras:

- Estoy embarazado, chica.

Mis ojos se abrieron tanto de la sorpresa que cualquiera que de frente me hubiera visto pensaría que se me saldrían de las órbitas. En fin, no sé si el señor estaba realmente perturbado, si estaba ebrio o si, por el contrario, decía la verdad. Existe más de un caso documentado de un varón que se ha quedado embarazado. La ciencia avanza mucho. Ya en la mitología griega se habló de dioses que parieron a sus propios hijos: Zeus es un ejemplo, su hija le salió por la cabeza y su segundo crío le nació del muslo, un ejemplo a seguir sin duda.

- ¿Su mujer? – pregunté, obviamente, intentando aportar un poco de coherencia a la conversación y a la situación. Parece mentira que ahora, a estas alturas, sea yo la que tenga que aportar cordura a algo.
- ¿Por qué habría de ser mi mujer? Estoy embarazado yo.

Sonreí aún sorprendida y le dí la enhorabuena. Cortesía ante todo, queridos lectores. Pronto llegó el tren y, por supuesto, él terminó sentado frente a mí, rozándome la pierna con el periódico para llamar mi atención y continuar la conversación que, tan tristemente para él, había cesado con la llegada del cercanías. Me pidió disculpas por molestarme nuevamente y entusiasmado dijo:

- ¿Quieres ver las fotos de mis otros hijos? Las llevo en la cartera.
- ¿Por qué no?


Abrió la cartera de piel y allí estaban las fotos de sus hijos, sus supuestos hijos. No pude evitar que un tímido y casi insonoro “¡Oh Dios mío!” saliera de mis carnosos labios. Aquellas fotos, señores, correspondían a caras de niños modelos de revistas.

Me dijo los nombres de cada uno de ellos (había cinco, quizás) y yo le dije que el chico rubio de las gafas de Afflelou me parecía una monada. Él llegó a su parada y, sujetándose la barriga cual mujer preñada, se levantó despidiéndose de mí y dejándome allí así, patidifusa.

Cuando el señor abandonó su asiento, entró una mujer con sus dos hijos a los que había llevado al médico. Estaba hablando por teléfono móvil con su marido (supuse yo) al que le decía que ahora les iba a llevar al colegio y que intentaría que la comida estuviera a la hora. Supongo que es el prototipo femenino que, por suerte, se ha ido desgastando con el tiempo: la mujer deprimida por ese “malestar que no tiene nombre”, ama de casa, con aspiraciones pero sin valor para llevarlas a cabo. Ese prototipo de mujer que podemos ver en “Revolutionary Road” y a la que intenta orientar Kate Miller en su libro “La mística de la feminidad”. Parecía decaída y soberanamente cansada. Más que cansada aburrida y, personalmente, considero que es necesario advertir que el aburrimiento es el primer paso hacia la desesperación. Un ser humano puede recurrir a cualquier cosa si el aburrimiento se apodera de él.

Es posible que, con el paso de los años, la ciencia nos ayude a que ambos sexos tengamos la posibilidad de parir y de adentrarnos en el mundo de la maternidad. Puesto que teólogos, científicos, filósofos y la biblia en pasta (nunca mejor dicho) han considerado a la mujer naturalmente inferior por el hecho de tener el don de la maternidad (todos sabemos que nuestro piadoso y todopoderoso Señor castigó al género femenino a sufrir ciertos males como parir, estar supeditada al hombre, llevar tacones, sujetador y todo eso) quizás la mentalidad de los machistas y misóginos del siglo XXI cambie si los hombres empiezan a dar a luz.

Poco a poco se irá viendo, pensé. Llegué a casa y escribí todo esto en parte también para mandárselo a mi querido psiquiatra. Recordé la última llamada telefónica de él:

- Si tienes dudas sobre él tienes que investigar. Pero algo legal, no me gustaría que me culpasen a mí también…


Sonriendo puse la llave del apartamento de Carlos sobre la mesa. Creo que entrar en una casa ajena sin permiso no es muy legal…