No creo en Dios, no creo en la virgen, no creo en la iglesia y creo en los curas tanto como confío en los políticos. Sin embargo y a lo que estamos prácticamente obligados en estas fechas, creyentes y realistas, es a la típica cena familiar del día veinticuatro de diciembre, día de Nochebuena.
Las casas se visten de rojo y las madres deciden sacar los portales de Belén que no miden más de diez centímetros (al menos el de la mía). La comida suele ser realmente abundante (con crisis y sin crisis), aunque esto está pensado de manera estratégica, para que sobre alimento y no haya que gastar dinero en ello durante los próximos cuatro o cinco días.

Raphael, otro año más, nos deleitará con su apariencia de muchacho y con su voz de senectud y compartirá escenario en la típica gala navideña con Bisbal, con Bustamante, con Rosa (que ahora quiere lucir su cuerpo de ex gorda y su peinado rubio a lo Rihanna) y con otros de los grandes (también triunfitos, seguramente).
Las madres cocinarán horas durante la tarde y la familia engullirá durante no más de quince minutos. Se escuchará el típico “toda la tarde cocinando para que lleguéis y os lo comáis en diez segundos”; quizás mi adorable abuelo cuente un chiste, como cada año; mi padre hablará de política e insultará sin que a nadie le interese, realmente; cada uno hablará de un tema diferente y, por supuesto, todos a la vez. Por otra parte, yo beberé y beberé, con la intención de gastarme esta noche menos dinero en los bares y mi abuela, mientras lo hago, me gritará que deje de beber, que soy una señorita (ilusa), que estoy engordando (mentira) y que no me ponga escotes (cosa que no dejaré de hacer).
Parece mentira que cada año sea igual, pase lo mismo, se pronuncien las mismas palabras y que, aún así, todos los años sigamos insistiendo en estar los siete en la cena de nochebuena (y de nochevieja también).
Esta cena siempre resulta muy peculiar, al menos, en mi casa y, aunque no sea una de mis fechas preferidas, me resulta grosero no desearos a vosotros, lectores y enemigos, blogueros en general, mi más sentido grito de Feliz Navidad.
